Por primera vez en la historia, un equipo de científicos identificó un posible satélite natural fuera del sistema solar, un hallazgo que abre una nueva etapa en la exploración del universo y que fue documentado en la revista científica Nature.
El descubrimiento fue realizado por investigadores chilenos, quienes utilizaron las observaciones del instrumento CRIRES+, instalado en el Telescopio Extremadamente Grande del Observatorio Europeo Austral (ESO), ubicado en Chile.
Hasta ahora, los astrónomos habían confirmado la existencia de más de 6 mil exoplanetas, es decir, mundos que orbitan estrellas distintas al Sol, pero nunca habían logrado detectar una luna fuera de nuestro sistema planetario.
La investigación estuvo encabezada por la astrofísica Alice Zurdo, directora del proyecto Núcleo Milenio YEMS, dedicado al estudio de exoplanetas jóvenes y sus posibles lunas.
El objeto identificado tendría un tamaño y una masa similares a las de Júpiter y orbitaría alrededor de una enana marrón conocida como CD-35 2722, un cuerpo celeste con aproximadamente la mitad de la masa del Sol.
Los investigadores estiman que este cuerpo completa una vuelta alrededor de la enana marrón cada 170 días. Sin embargo, todavía existe debate sobre cómo debe clasificarse, debido a sus características únicas.
A diferencia de las lunas del sistema solar, este objeto no gira alrededor de un planeta, sino de una enana marrón, por lo que los científicos consideran que podría tratarse de un tipo de sistema nunca antes observado.
“Es el primer satélite natural que encontramos fuera del sistema solar”, explicó Zurdo, quien señaló que el hallazgo representa un desafío para las categorías tradicionales utilizadas para describir planetas y lunas.
Durante más de 40 años, astrónomos de todo el mundo habían intentado localizar satélites fuera del sistema solar sin conseguir una detección confirmada. Este descubrimiento representa un avance histórico para esa búsqueda.
Para identificarlo, el equipo utilizó el método de velocidad radial, una técnica que permite detectar pequeños movimientos o “bamboleos” de una estrella o cuerpo central provocados por la presencia de otro objeto cercano.
Los científicos explicaron que la precisión del instrumento CRIRES+ permitió observar señales extremadamente débiles, algo que hasta hace pocos años era imposible con la tecnología disponible.
Aunque todavía deberán realizarse más estudios para confirmar completamente la naturaleza del objeto, los investigadores consideran que el hallazgo podría ayudar a entender mejor cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.
La detección también abre nuevas preguntas para la comunidad científica: cómo se originó este cuerpo, cuántos objetos similares podrían existir en el universo y si hay sistemas planetarios completamente diferentes al nuestro.
Con la llegada del futuro Telescopio Extremadamente Grande (ELT) del ESO, los astrónomos esperan encontrar objetos aún más pequeños y obtener una visión más amplia de la diversidad de mundos que existen más allá del sistema solar.
Para los especialistas, la importancia del descubrimiento no está únicamente en si recibe el nombre de “exoluna”, sino en demostrar que el universo contiene estructuras mucho más variadas de lo que la humanidad había imaginado.
Con información de AGENCIAS.






