La exposición prolongada a la contaminación atmosférica se asocia con un aumento de grasa corporal total y una pérdida de masa magra en personas mayores con sobrepeso u obesidad, según apuntó un estudio liderado por el Instituto de Investigación Sanitaria de Baleares (Idisba).
Estos indicadores están estrechamente vinculados con un mayor riesgo cardiometabólico, sobre todo en personas con exceso de peso.
La investigación, publicada en la revista ‘Diabetes Care‘, analizó datos de mil 454 participantes del ensayo ‘Predimed-Plus’, un estudio multicéntrico de prevención cardiovascular pionero en España, informó el Idisba en un comunicado.
El equipo liderado por investigadoras del Idisba y del área Ciber de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición, evaluó la exposición residencial a contaminantes atmosféricos como el carbono negro, las partículas finas (PM2.5) y el dióxido de nitrógeno (NO2), y la relacionó con medidas detalladas de composición corporal obtenidas mediante densitometría ósea, también conocida como prueba ‘Dexa’ o DXA (absorciometría de rayos X de doble energía).
Los participantes procedían mayoritariamente de cinco ciudades españolas (Pamplona, León, Palma, Reus y Barcelona), siendo esta última la que presentó las mayores concentraciones de los tres contaminantes atmosféricos.
Los resultados mostraron que niveles más altos de contaminación del aire se asocian con un mayor incremento de la masa grasa total, así como con una mayor pérdida de masa magra tanto al año como a los tres años de seguimiento.
Según los autores, estos cambios en la composición corporal son especialmente relevantes porque la acumulación de grasa y la pérdida de masa magra están estrechamente vinculadas con un mayor riesgo cardiometabólico, especialmente en personas con exceso de peso.
La primera autora del estudio, la doctora Ariadna Curto, explicó que “el carbono negro, un claro marcador del tráfico urbano, fue el contaminante con mayor impacto”.
“Vivir en zonas con niveles más elevados se asoció con una pérdida de casi un kilo de masa magra en tres años, lo que subraya la importancia de considerar la contaminación atmosférica como un factor ambiental que puede influir en la salud metabólica”, detalló.
La doctora Dora Romaguera, última autora del estudio, explicó sus implicaciones: “Nuestro estudio es además uno de los primeros en analizar esta asociación para la grasa visceral, la que se acumula en la cavidad abdominal”.
“El efecto solo fue evidente en participantes menores de 65 años, lo que sugiere que los contaminantes podrían favorecer una mayor acumulación de grasa visceral en adultos más jóvenes, cuyo tejido adiposo aún tiene capacidad de crecer”, indicó.
Los autores hacen un llamamiento a la necesidad de futuros estudios con datos longitudinales que evalúen con más precisión el rol de la acumulación de la grasa visceral y de la pérdida de masa magra en poblaciones metabólicamente vulnerables como la estudiada.
El estudio refuerza la necesidad de aplicar políticas públicas que reduzcan la exposición a contaminantes atmosféricos y promuevan entornos más saludables, especialmente en áreas urbanas donde los niveles de contaminación suelen ser más elevados, recalcan los investigadores.
El estudio ha contado con la colaboración de personal investigador de las áreas Ciber de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (Ciberdem) y de Epidemiología y Salud Pública (Ciberesp) y otros centros nacionales e internacionales.
Con información de EFE





